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martes, 4 de abril de 2023

Capítulo 24.2

Me encontraba recostada en el pecho desnudo de Gretchen después de la aventura que acabábamos de tener. Yo acariciaba su piel haciendo pequeños círculos con mi dedo mientras ella me abrazaba y miraba fijamente pensativa el techo.

El silencio se tornaba incómodo para mí, así que aproveché para hacer algunas preguntas, resolver mis dudas que tenía desde hace tiempo y tratar de cambiar el ambiente, o al menos el mío, intentando entablar una conversación.

—¿Por qué te gustan tanto las cerezas? —pregunté de la nada, se quedó callada.— Entiendo que su sabor es indescriptible, pero sé que hay algo más.

—Lo hay, me dieron una lección de vida… conocí las cerezas cuando era pequeña.

—¿Quieres contarme? —insistí.

Se quedó callada, quizás estaba pensando en que decir, recordando en que momento le empezó a gustar su actual fruta favorita o simplemente ignorando mi pregunta.

Estuvo unos segundos más así, tomé su silencio como respuesta a la última de mis opciones, pero de pronto habló.

—Pasaba cerca de una repostería en las calles de Heidelberg. Vi los pasteles en la vitrina desde afuera, los dueños notaron que estaba ahí, me enseñaron una nueva forma de ver la vida —dijo aún con la mirada en el techo.— Fueron demasiado generosos conmigo, era una pareja de ancianos, fueron ellos quienes me acogieron después de que mis padres no lo hicieran. Podría llegar a decir que los considero como mis padres.

—¿Entonces son tu familia?

—Sí, encontré un hogar en las cerezas. Antes de llegar ahí jamás había probado el sabor de una cereza. Después de hacerlo creo que me enamoré de todo lo que tenía que ver con las cerezas. Su historia, su filosofía, el sabor, la forma, el color; es la fruta perfecta.

—Entonces, ¿por qué dices que te dieron una lección de vida? —algunas lágrimas se asomaron por sus ojos, inmediatamente me arrepentí de haberle preguntado.— Lo siento, no quería…

—No te preocupes, es solo que los sigo extrañando. Ellos me mostraron todo lo que sé de esta fruta. Los cerezos son la obra de arte más preciosa que podrás conocer. Las flores con su color tan llamativo y tan agradable a la vista, yo puedo verlos ahí —se limpió las lágrimas y comenzó a sonreír, pude entender que imaginarse un lugar lleno de cerezos le traía paz.— ¿Sabías que las cerezas no maduran fuera del árbol? Si cortamos una cereza antes de que esté en su punto, esa cereza jamás madurará. Por eso, las cerezas deben permanecer juntas hasta que se sientan listas para partir… Espero hayas entendido qué es el árbol, quienes son las cerezas y a qué me refiero con madurar.

Finalmente, me miró, me guiñó un ojo para luego volver a ver el techo. Inhaló profundo y luego soltó todo el aire en un suspiro.

—Fue gracias a las cerezas que decidí buscarte —continuó hablando.— Decidí esperarme y madurar lo suficiente, especializarme en lo que hago, conseguir la fama suficiente para que encontrarte fuera mucho más fácil… Tú eres la cereza que tanto he buscado… Eres mi cereza, Annie.

Mis mejillas se tornaron rojas por su comentario, ¿de verdad me quería?, ¿hizo todo eso por mí?, me era difícil creerlo, pero en el fondo quería hacerlo, quería hacerme la idea de que ella me amaba de la misma manera que yo lo hacía.

—No tenía idea de que habías pasado por todo esto…

—Sí... también me dijeron que los que anudan su tallo con la lengua son buenos besando —me dijo con una sonrisa pícara logrando aliviar la tensión.

—¿Quieres intentar? —imité su gesto.

—Adelante.

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