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jueves, 6 de abril de 2023

¿Dónde está Cherry?

—¿Apoco no se ve muy mona? —dijo Gretchen al ver a nuestra pequeña cachorra, la misma que estaba dando vueltas, agitando su cola con movimiento vertiginoso.

Recién la habíamos duchado, como siempre, Emma Schneider la vestía a su imagen. Peinando su pelaje, dejándolo suave y con forma, pintándole las uñas de un color llamativo, junto al collar que hacía juego con el vestido y los moños.

—¿De verdad la vestiste así solo para llevarla a pasear al parque? —pregunté mientras ella le tomaba diversas fotos, probablemente para subirlas a sus redes.

—Por supuesto, nuestra mascota tiene que lucirse… así como las dueñas —me miró de arriba a abajo. Entendí la indirecta, quería que me vistiera diferente, probablemente consideraba mi ropa como indecente.

—Ni lo pienses —fruncí el ceño.

—Pero… ¿Por qué no? —hizo un puchero. Para tener veintiséis años, seguía haciendo berrinches como una niña pequeña que no pasa de los cinco.

—Gret… solo vamos al parque, no necesitamos ir tan extravagantes. Verás que la gente que pasa por ahí tendrá la ropa más casual que te puedas imaginar, incluso puede haber personas que caminen en pijama.

Probablemente, lo último era exagerado, pero en parte tenía razón. ¿Qué clase de persona va al parque en pijama?, aunque no lo juzgaría, sigo yendo al supermercado con la misma ropa con la que me levanto cada mañana.

Después de algunas discusiones, Gretchen le puso la correa a Cherry y salimos a caminar con rumbo al parque. Por suerte, no logró convencerme de cambiar mi estilo, pero ella hizo caso omiso a mi advertencia y aun así se vistió como la digna dueña de la cachorra

En el camino, Emma se encontró con algunos seguidores, nada fuera de lo normal. La catástrofe vendría al llegar a nuestro destino, el cual estaba lleno de gente que muy pronto rodearían a la modelo pidiendo fotos y autógrafos.

¿Cómo esperaba no llamar la atención vestida de esa manera? Ahora entiendo la verdadera razón por la que se arregló tanto. La vida de una supermodelo de profesión debe ser difícil, ¿ser bella todo el tiempo?, yo no puedo cargar un poco de maquillaje por más de tres horas sin sentirme pesada.

Me alejé un poco de la multitud con nuestra mascota en los brazos sin tratar de resaltar ante la mirada de muchos.

—Busca aromas alrededor y no te vayas muy lejos —liberé a Cherry en una zona segura y le dejé indicaciones como si pudiera entenderme y hacerme caso.

Miré a mi alrededor, se me hizo demasiado extraño no divisar a ninguna persona en pijama, de hecho, todo mundo tenía ropa de gala o de diseñador. ¿Qué es esto?, ¿sesión de fotos? ¿Boda?, ¿qué hace todo mundo vestido así?

Comenzaba a sentirme incómoda con mi estilo, quizás debí hacerle caso a Gretchen y vestirme igual de exuberante. Si no quería llamar la atención, ahora lo estaba haciendo, mi ropa era la única diferente a la de los demás.

Emma se despidió de sus fans y se acercó a mí.

—Hoy fueron más gentiles, supongo que se están acostumbrando a verme —dijo mientras movía su mano para abanicarse, supongo que el calor de tanta gente la sofocaba.

—Me da gusto que te estés abriendo más a ellos, ya no tienes que esconderte en casa de ningún extraño para evitarlos.

Ambas nos reímos, pero la sonrisa de Gretchen se desvaneció poco a poco dejándome las risas solo a mí.

—Cariño… ¿Dónde está Cherry? —tocó mi hombro mientras miraba por detrás de mí, donde se supone que debería estar nuestra mascota.

—¿Dónde está quién? —pregunté sin entender lo que me había dicho por las carcajadas que acababa de tener.

—Cherry, ¿dónde está Cherry?, nuestra cachorra.

—Oh, ella, está justo aquí… —me di la vuelta para mostrarle a la pequeña que seguramente estaría jugando, pero ya no estaba. Ni siquiera dejó un rastro de huellas o alguna pista de donde puede estar.— ¡Mierda!

—¿Qué hiciste, Annie Roberts? —se cruzó de brazos y me juzgó con la mirada.

—Lo siento, solo quería que anduviera un poco más libre —me encogí de hombros, me maldecía a mí misma por las ideas tontas que tenía.

—¡No puede ser! Es la mascota de Emma Schneider —se llevó una mano a la cabeza, comenzaba a asustarse y eso me preocupaba.

—No pasa nada, ella debe de estar bien…

—Entre tanta gente ya debieron habérsela robado.

—Tranquila, seguro aún está por aquí…

—Seguro ya la están vendiendo en diferentes mercados por internet.

—¡Gretchen Meyer! ¡Por favor, tranquilízate! —la tomé de los hombros y la obligué a verme, sus teorías me ponían más nerviosa.— Vamos a buscarla cerca, ¿vale?

Nos dividimos en el parque para que fuera más sencillo. Traté de buscar entre arbustos, árboles e incluso en brazos de cualquier otra persona, mas no tuve éxito. Volví con Emma para darle mi reporte, pero me la encontré arrodillada buscando debajo de pequeñas piedras.

—¿Qué se supone que estás haciendo? —pregunté al verla en esa posición, me miró y al ver que no traía a la cachorra en brazos se echó a llorar.

—Es inútil, perdimos a Cherry —rompió en un ruidoso llanto infantil. No me quedó más que sentarme a su lado y consolarla.

En medio de los sollozos, escuchamos un ladrido a nuestras espaldas. Era nuestra mascota, quien estaba completamente sucia y ya había perdido el vestido que esta mañana llevaba puesto.

—¡Cherry! —se levantó casi corriendo a abrazarla, pero se detuvo al ver su estado.— Fuchi, estás toda puerca.

—No le digas así —le dije tomando a la cachorra en mis brazos.— Cielos, parece que tendrás mucho trabajo.

Limpiar de nuevo a esta canina será difícil, tenía algunas ramas y hojas entre el pelaje, pero sobre todo, lodo en cada parte. Gretchen estaba molesta, se cruzó de brazos y miró con molestia en mi dirección.

—¡Ah, no!, esta vez te toca a ti, fuiste tú quien la perdió en primer lugar.

—Pero yo no sé bañar perros, esto no es lo mío —me encogí de hombros nuevamente.

—Tendrás que aprender. Pronto escribirás un libro de consejos para cuidar a tu mascota —dijo con sarcasmo.

—Muy graciosa, sabes que no podría ni con Cherry.

—Ahora lo entiendes —me guiñó un ojo y caminamos de vuelta a casa.

Y así fue como después de duchar a la cachorra, terminé arreglándola mucho mejor que la misma modelo, pero de la misma envidia no se atrevió a tomarle ni una sola foto.

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